jueves, 7 de julio de 2016

PROPUESTA DE PLAN DE TRABAJO HACIA LAS ELECCIONES FEDERALES DE 2018.


Introducción.
Como respuesta a la amable de invitación de un grupo de compañeros exmilitantes del PMT, para discutir la posición y estrategia que debe seguir la izquierda frente a las elecciones de 2018, presenté este documento, que contiene mi análisis de la realidad política y una propuesta de un plan de trabajo que permita a la izquierda cumplir con su responsabilidad histórica.

Definiciones.
Para efectos de este documento proponemos la definición de izquierda del maestro Luis Villoro, fundador del PMT: “Una actitud colectiva contra la dominación”

“… Por eso una postura de izquierda  es necesariamente crítica en la reflexión, disruptiva en la acción.
“Frente al poder impositivo dominante, la izquierda tiene que oponer un contrapoder… Cuando deja de ser oposición y llega a una posición política en que puede imponer su poder, su gobierno sólo tiene sentido si se ejerce para contribuir a hacer desaparecer las condiciones y estructuras de dominación.” (Villoro, 2007).

Esta definición es lo suficiente amplia para dar cabida a movimientos y organizaciones sociales, así como a partidos políticos que busquen una nueva sociedad, y que ejerzan un contrapoder frente al poder establecido; y lo suficientemente precisa para acotar los límites del ejercicio político cuando no ejerce un contrapoder o cuando no trabaja para eliminar las condiciones y estructuras de dominación.

Antecedentes.
La izquierda mexicana, que cumple con la definición inicial, se compone básicamente de dos grandes ríos que corren uno al lado del otro, hacia el mismo océano, pero por diferentes cursos. Esto ocasiona que a veces viajen a diferente velocidad; o que uno tenga menos codos o cascadas que el otro. Por un lado están los movimientos y organizaciones sociales que buscan mejoras para necesidades específicas de la población, sin que esto implique la conquista del poder político. Del otro lado están las organizaciones y partidos políticos que buscan acceder al poder político para modificar sustancialmente y de manera amplia las estructuras y condiciones de dominación que la clase dominante ha impuesto en el país.

Si bien, el proceso electoral de 2018 es eminentemente político y será protagonizado por partidos y organizaciones políticos, debemos ser claros en la existencia del otro grupo de movimientos y organizaciones de izquierda, pues parte del desdibujado ideológico que padece la izquierda partidista tiene que ver con el hecho de que el PRD se alejó de estos movimientos y organizaciones para concentrarse en la lucha electoral.

Dado que definimos a la izquierda como una actitud colectiva, es difícil descalificar a todas las organizaciones, movimientos y partidos que se han planteado como meta la lucha contra la dominación, por las acciones de sus aparatos de dirección. En cambio, sí puede dejar fuera a aquellas organizaciones clientelares cuya supervivencia depende de la preservación de condiciones y estructuras de dominación.


Estrategia hacía 2018.
Para la elaboración de la estrategia hacia 2018, nos valdremos de un método muy simple: fijar primero los objetivos últimos, definir el escenario que buscamos, la razón real de la existencia de la izquierda; y de ahí regresar hasta el presente, descubriendo qué es lo que necesitamos para llega a ese objetivo final.

Objetivo final.
El objetivo final de la lucha hacia 2018 debe ser contribuir de manera trascendente a desaparecer las condiciones y estructuras de dominación, de forma tal que se eleven de manera efectiva y tangible la calidad de vida y las oportunidades de desarrollo de los mexicanos.

Objetivo electoral.
Para tener la capacidad de ejecutar esa transformación, la izquierda deber ganar la presidencia de la república y alcanzar una mayoría en el Congreso que le permita conseguir la aprobación de leyes en este sentido.

Unidad de izquierda.
Como bien señala (Hernández B., 2016), los resultados de las elecciones recientes, analizados junto con los de 2012, nos indican que la izquierda está en seria desventaja numérica frente a la derecha, conformada por el PRI y el PAN.

A pesar de mis críticas al PRD, este organismo cumple con la definición de izquierda, en el sentido de una actitud colectiva contra la dominación, independientemente de la postura negociadora de muchos de sus líderes. Además, si bien la creación de Morena le ha restado cerca de la mitad de sus militantes, se sostiene como una fuerza importante, al menos en el terreno electoral.

Tampoco podemos calificar a Morena como una organización de izquierda perfecta. Es una organización vertical y, en algunos casos como el de Ecatepec, recurre a tácticas clientelares que no apoyan a desaparecer las condiciones de dominación, si no que antes las preservan y las aprovechan. Pero ambas, PRD y Morena, son las organizaciones de izquierda con esa actitud colectiva contra la dominación con mayor presencia y fuerza en el país.

Sin embargo, la participación separada en las elecciones de 2018 de Morena y del PRD llevaría a resultados desastrosos, pues ninguno de ellos cuenta con la fuerza suficiente para aspirar de manera real a la presidencia de la república o a una mayoría efectiva en el congreso. Deben ir juntos. Y no sólo eso, deben aliarse con todas las demás fuerzas de izquierda, electorales y no: sindicatos, movimientos campesinos, estudiantiles, de mujeres, de colonos y todos los que la situación política y económica del país ha hecho necesarios. No se debe repetir el error del PRD, que se alejó de las luchas sociales. Pero tampoco se deben usar estas organizaciones y movimientos sociales de manera clientelar, como lo ha hecho el PRI por décadas. Ésta no es una postura de izquierda, si no una actividad eminentemente derechista, en el sentido de que preserva las condiciones y estructuras de dominación, y en último caso cínica, pues se aprovecha de la necesidad de la gente.

Plataforma.
Por esto es importante el paso anterior: la elaboración de una plataforma política mínima, que contenga definiciones claramente de izquierda, acordada entre todos los partidos y organizaciones participantes. Si no llegamos a las elecciones de 2018 con una plataforma clara, definida y abiertamente de izquierda, nos confundiremos en esa desideologización electoral que tan fácilmente confunde al ciudadano; al grado que le da igual votar por la izquierda que por el PRI, el PAN o alguno de sus partidos comparsas (León G., 2016). Debemos presentarnos como una opción claramente diferente con propuestas de transformación definidas y entendibles por la población.

Candidatos.
Otro lastre que ha cargado la izquierda electoral ha sido la elección de sus candidatos. Desde los métodos de asignación al más puro estilo príista (por “dedazo”), hasta la presentación de militantes de partidos opuestos ideológica e históricamente a la izquierda. Lógicamente, muchos de estos candidatos, al llegar al poder, ejecutan acciones de gobierno consecuentes con la ideología en la que militaron hasta pocos meses antes de la elección. El costo político de estas tácticas cortoplacistas es muy alto; tanto a nivel de la militancia y simpatizantes de la izquierda, como del electorado en general, que no tiene manera de ver diferencia alguna entre los políticos del PRI y de la izquierda. Si bien, el PRD se forma luego de una escisión del PRI, y ha retomado algunos cuadros relevantes de este partido, esto no implica que todos los relegados de candidaturas de este partido, son realmente una opción de cambio. En general, su permanencia por muchos años en el PRI puede revelar que no tienen una actitud contra la dominación.

Por lo que toca a los candidatos militantes de la organización de izquierda, regularmente a niveles con menor proyección mediática, los métodos de selección han incluido la designación directa por la dirección del partido, las negociaciones ocultas entre grupos y el acarreo de votantes a asambleas en las que el debate es inexistente.

La izquierda debe presentar candidatos con ética, conocimientos y capacidad y voluntad de transformación. Deben representar una opción clara de transformación para el pueblo, y deben provenir de procesos de selección sin los vicios mencionados en el párrafo anterior. Sin diferenciación y sin transparencia, es decir sin cambios, no podemos esperar que los ciudadanos voten por la izquierda.

Mecanismos.
En la sección anterior se propone que la izquierda se presente como una opción verdadera, diferenciable  y confiable, con una plataforma política mínima y con candidatos presentables. También se enumeran algunos de los vicios y obstáculos para lograr esto. Evidentemente, los mecanismos que la izquierda ha utilizado últimamente no han sido los mejores. Se requieren mecanismos transparentes y democráticos para la elaboración.

Se puede argumentar que la izquierda ya no es el de tamaño de los pequeños grupos de los setentas y que llegar a acuerdos entre cientos de miles de militantes, puede sonar impráctico y sumamente lento. Pero no por eso debemos aceptar los métodos verticales, de negociaciones ocultas y de acarreo que tanto han dañado la imagen de la izquierda, y que han desperdiciado por años las oportunidades de transformación que  se han ganado en las urnas.

Debemos crear mecanismos ágiles de creación de acuerdos que permitan la participación piramidal de todos los militantes en debates abiertos, sin menoscabo de los tiempos. Debates que vayan desde discusiones al interior de los comités de base, hasta nivel estatal y nacional. No somos tan poco numerosos como en hace décadas, pero entonces no contábamos ni con los recursos económicos y con las facilidades que hoy nos ofrece la tecnología.

Proponemos la creación de mecanismos piramidales de discusión abierta que aprovechen la tecnología para agilizar los debates, sin menoscabo de la participación de los militantes.

Mediador.
Dada la cuasi sempiterna división de la izquierda, y el encono que han tomado las dos principales fuerzas de izquierda en el país, es necesario que exista un mediador entre los grupos. Un mediador con autoridad moral reconocida por los grupos de izquierda y de manera general. Un mediador que presente los mecanismos de elección de candidatos y de elaboración colaborativa de la plataforma política mínima, y que supervise su aplicación correcta.

Este mediador podrá apoyarse con el trabajo de los que suscriben este documento, o bien por un equipo que se elija, siempre y cuando se busque cumplir con criterios de imparcialidad y actitud colectiva hacia la transformación cualitativa de las condiciones y estructuras de dominación que prevalecen en el actual sistema político neoliberal mexicano.

Conclusión.
El camino hacia 2018, pasa por varios escenarios que debemos cumplir si queremos que la izquierda juegue un papel relevante en las elecciones de ese año, y ejecute su papel histórico. La siguiente gráfica resume la estrategia propuesta.
  

Trabajos citados

Hernández B., R. (21 de junio de 2016). Por la unidad de izquierda rumbo al 2018. Recuperado el 24 de junio de 2016, de https://drive.google.com/open?id=0B0CSXP08RqXqVUZCR051MUdKbTQ
León G., J. L. (10 de junio de 2016). Mezcla de ideologías. Recuperado el 24 de junio de 2016, de http://joseluisleongomez.blogspot.mx/2016/06/mezcla-de-ideologias.html
Villoro, L. (2007). Los retos de la sociedad por venir. Ensayos sobre justicia, democracia y multiculturalismo. México: Fondo de Cultura Económica.



domingo, 3 de julio de 2016

¡Listo el libro de cuentos!


Ya está a la venta el libro de cuentos "Poliedro", de su servidor José Luis León Gómez:




Lo pueden adquirir con el autor del libro de este blog, en las ferias de libro, o directamente en el sitio web de Editorial Alebrijez

Espero lo disfruten.

José Luis León Gómez.

viernes, 24 de junio de 2016

Rebasados por la derecha


Ahora que el PRD anda de amiguito del PAN, y no es improbable que un día lo haga con el PRI[i], podría copiarles algunas cosas, que uno esperaría del lado izquierdo del espectro político.

En esta confusión y autonegación de ideologías, vemos un PRD que es rebasado con facilidad por sus enemigos históricos e ideológicos. Por una parte, hay gente el PRI más consciente de lo que significa el PAN, cosa que el PRD ignora o finge no saber. En entrevista para Proceso, César Augusto Santiago, militante príista de medio siglo, que ha escrito libros sobre este partido, recuerda que el PAN fue creado como oposición al proyecto progresista de Lázaro Cárdenas, que “esa es la razón de ser de ese partido” (Olmos, 2016).

Incluso el candidato panista ganador de la gubernatura de Chihuahua, sin alianza con el PRD,  declara que entiende la posición de López Obrador “para no hacer coaliciones con el PRI y para ser congruente”; aunque por supuesto y de manera muy consecuente, manifiesta sus diferencias. No en balde milita en un partido en el extremo contrario del espectro político (Mayorga, 2016).

Del lado de izquierda es dónde no percibimos autocrítica ni, mucho menos, una definición clara como opción política. Si bien su estrategia de alianzas posicionará a los dirigentes del PRD dentro de la clase política del país, al pueblo le darás los mismos resultados que haber votado por el PAN o por el PRI. Un ejemplo temprano: “su” candidato ganador en Veracruz, un príista abanderado por el PAN, ya declaró que pondrá un militar, que le recomiende la Secretaría de la Defensa Nacional, al frente de la seguridad pública; una medida plenamente entendible en un derechista, que llegó al poder por el PAN, y que en consecuencia privilegia el orden. Difícilmente se podrá argumentar que esta medida es de izquierda, en una entidad que ha padecido la violencia de estado, incluso con la presunta violación de una anciana, por parte de militares.

El PRD ha sido rebasado electoralmente por Morena en varios lugares, por la realidad en varios estados y ahora incluso en la congruencia del discurso por los enemigos históricos e ideológicos de la izquierda. Desdibujada su ideología, se puede convertir en una máquina de puestos políticos para sus dirigentes y para los políticos de otros partidos que no alcanzan allá las posiciones que buscan. Seguramente la dirigencia del PRD argumentará nuevamente que esta estrategia permitirá quitar primero al PRI, a la vez que se van conquistando pequeñas posiciones, en oposición a la megalomanía de López Obrador; y que un día no muy lejano, se alcanzará la justicia social. Por desgracia, la realidad no es buena aliada de los líderes del PRD. Una y otra vez han llevado príistas al poder y los resultados han sido desastrosos en la mayor parte de los casos. Bueno, para los ciudadanos, porque a ellos les ha ido muy bien. No tienen razón para hacerlo distinto.

Referencias

Mayorga, P. (12 de Junio de 2016). César Duarte a juicio. Proceso, 22-23.
Olmos, J. G. (12 de Junio de 2016). El PRI, un partido mudo, sin idelología. Proceso, 12-14.





[i] Al menos en la elección municipal de San Miguel Allende, en 2012, el PRD fue en alianza con el PRI y con el Partido Verde.

viernes, 10 de junio de 2016

Mezcla de ideologías.

Le pregunté al compañero que pinta los raspones y reparaciones que de vez en cuando requiere mi coche, qué color resultaba de mezclar amarillo con azul. No sin un dejo de dejo de sospecha de que yo estuviera tratando de invadir su especialidad, me respondió que el color resultante sería verde; el color que presume un partido nada ecologista que ha sobrevivido gracias a las continuas alianzas con el PRI. Vaya coincidencias del oficio de la pintura con las negociaciones políticas del PRD. Un partido con  emblema amarillo que llevó al partido de color azul a varias gubernaturas en las elecciones del domingo pasado.

Al interior del PRD se debate si para las elecciones federales de 2018, que incluyen la presidencia, se alían con el PAN o con Morena, el partido dirigido por López Obrador. Si queremos jugar a las predicciones, podemos utilizar el siguiente dato como indicativo: el PRD y el PAN ven muy probable aliarse para las elecciones locales del Estado de México en 2017.

¿Cuál es entonces la posición ideológica que ofrece el PRD a la ciudadanía, si lo mismo puede aliarse con el partido de la derecha mexicana, que con un movimiento surgido de sus propias filas? Pero aún, si es más alta la probabilidad de una alianza con el PAN que con Morena, en virtud del escenario que exploran para las elecciones mexiquenses de 2017, y la rivalidad manifiesta entre López Obrador y Los Chuchos, grupo que controla el PRD.

Para un pueblo que ya ha sido desideologizado a través de la ignorancia por Televisa, de manera activa, y por el sistema educativo nacional, de manera pasiva, esta confusión de ideologías refuerza lugares comunes como el que reza que “todos los políticos son iguales”. Y aunque algunos tratemos de convencer a los conocidos de la falsedad de ésta y cualquier otra generalización, los mismos partidos, como el PRD, nos dejan sin argumentos.

Un PRD que va con su antípoda ideológico a las elecciones. Un PAN que coincide plenamente en las estrategias neoliberales del PRI. Un PRI que, a través de Labastida, culpa de su derrota a la iniciativa sobre matrimonio igualitario, cayendo en el mismo terreno moralista del PAN. Y Morena con un dirigente vertical que es sumamente conservador cuando se trata de temas como éstos, pues prioriza el valor de la honestidad y la lucha contra la corrupción.

Hoy por hoy, uno de los mayores problemas del país es el económico. Marx decía que las relaciones económicas determinaban las relaciones sociales. Nosotros padecemos hoy, en lo social, en lo educativo, en el tema de seguridad pública, las consecuencias de una economía que sólo crece en lo macro y que no refleja beneficios para la mayoría de la población. Solamente Morena ofrece la alternativa de fortalecer el mercado interno, frente a la política económica neoliberal enarbolada por el PAN, implementada por el PRI, y ahora apoyada electoralmente por el PRD. Es decir, solamente hay dos opciones y una de ellas es enarbolada por tres de los partidos más fuertes del país.

Esta mezcla de ideologías se convierte en confusión para los ciudadanos ¿Qué diferencia para la situación económica de los trabajadores hace votar por el PRI o por el PAN? ¿O por el PRD si va en alianza con el PAN? ¿Qué ganan los indígenas, las mujeres y los homosexuales si votan por el PRI o por el PAN si en ambos partidos hay dirigentes que los discriminan? Y nuevamente ¿qué obtienen si votan por Morena con un dirigente vertical que posterga estas demandas? ¿O si eligen al PRD que apoya al PAN?


Tristemente, esta mezcla y confusión de ideologías, en servicio de un pragmatismo político que solamente busca escalar posiciones en el gobierno, sustenta el lugar común que citamos líneas arriba y fomenta el abstencionismo y el desinterés de los ciudadanos, dejando a los políticos solos, con todo el poder para decidir nuestros destinos. Bueno, de eso se trata ¿o no? Eso es lo que quieren ellos y para eso es que han armado este enredo de ideologías. Que los dejemos solos. La pregunta es cuántos de nosotros vamos a permitirlo.

miércoles, 8 de junio de 2016

La cómoda autopista de las alianzas


En la izquierda mexicana, pasamos del pedregoso camino de la unidad a la cómoda autopista de las alianzas. En los setentas y ochentas lo complicado era sentar a dos grupos de izquierda, y que llegaran a acuerdos en tiempos terrenales, sin que las descalificaciones lleVaran al rompimiento de la conversación.

Hoy tenemos grupos y partidos que, al menos por su dicho y denominación, se ubican a la izquierda del espectro político de nuestro país, y que no dudan en aliarse con sus enemigos ideológicos de la derecha, para llevar al poder a personajes que apenas hace unos meses militaban en el partido enemigo histórico de la izquierda: el PRI. Y si la alianza no cuaja, entonces el partido de “izquierda” presenta como suyo a un político que tuvo que salirse el partido al que tanto se combatió en el pasado, por la sencilla razón que allí no le dieron la candidatura que el partido de “izquierda” sí le ve a otorgar; aun a costa de sus propios militantes, algunos de ellos con décadas de compromiso probado con las luchas sociales.

El argumento es que un partido de izquierda solo, difícilmente va a alcanzar el poder en las condiciones actuales; o que si lo lograra, no tendría capacidad de defender su triunfo. Los casos de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, y de López Obrador en 2006, parecen demostrarlo. Siguiendo una lógica muy acomodaticia, se concluye que la única manera de alcanzar el poder, a nivel local al menos, es con el apoyo de grupos ideológica o históricamente opuestos a los movimientos populares. Estos grupos pueden tener registro electoral, o pueden ser organizaciones asociadas tradicionalmente al PRI, o bien grupos de poder que apoyan a políticos de este partido, en relaciones de beneficio mutuo, no siempre aplaudibles.

Así, el PRD llevó a la gubernatura de Guerrero al secretario de gobierno príista, que estaba en el poder cuando la matanza de Aguas Blancas. Ahora, se lleva a la gubernatura de Quintana Roo, a un exmilitante del PRI, que dejó de serlo porque no lo nombraron candidato a gobernador en el partido en el que militó por tantos años. En Veracruz, se lleva al poder a un miembro de la familia Yunes, que hasta hace unos meses era parte del PRI. En ambos casos, es el PAN el que lleva la mano y se cuelga las medallas y, es de suponerse, se quedará con la mayor parte de las posiciones de poder en esos gabinetes estatales. Triste paradoja: Quintana Roo lleva este nombre en honor de un gobernador socialista. Hoy el PRD apoya al partido de derecha a llevar la ideología príista a gobernar este estado.


Acostumbrados a la comodidad que les preserva sus privilegios, estos modernos “izquierdistas” ya planean cómo armar una alianza con el PAN para las elecciones del Estado de México en 2017 ¿Quién será el candidato de esta alianza izquierda-derecha? ¿Algún perredista? ¿Un panista renombrado? ¿O un príista del grupo de Eruviel Ávila? Dada la experiencia de éstas y otras ya pasadas elecciones, es muy probable que ocurra la última opción.  A el grupo Atlacomulco le toca su turno y querrá llevar a Del Mazo a alguien de su estructura a la gubernatura. No faltarán los príistas que, una vez relegados por su propio partido, reciban la oferta de candidatura por la “izquierda” moderna, aliada con la derecha. Cualquier parecido con el momento que un grupo de mexicanos viajaron a Europa para solicitar a Maximiliano que fuera emperador de México, no es simple coincidencia. Es que la gente aprende de la historia lo que conviene a sus intereses. 

sábado, 24 de octubre de 2015

Veinte mil metros de viaje subhumano

Inspirado por el “Día Mundial Sin Auto”, mi coche reforzó su consciencia ecológica y extendió el programa por un mes, hasta que le aplicara un mantenimiento correctivo mayor. Por esa razón, a veinte kilómetros de la Ciudad de México, abordo una camioneta que muy probablemente fue diseñada para transporte de carga. En el supuesto de que hubiera sido destinado en su origen para seres humanos, los asientos fueron modificados. Porque están pegados a los costados, en lugar de la formación en paralela típica de los vehículos de pasajeros. Estas bancas, más que asientos pues no tienen respaldo, son de un ancho menor al que requiere un mexicano promedio, y mucho menor al que ocupan algunas mexicanas excepcionalmente atractivas. Por si esta incomodidad fuera insuficiente para el desconocido y sádico diseñador de estas banquitas, el conductor del vehículo exige a los pasajeros que se sienten tres personas en una banca en la que evidentemente no caben las caderas de más de dos personas esbeltas, cuatro en donde podrían sentarse tres, cinco donde no hay lugar para más de cuatro. Por supuesto que lo hace de una manera en la que ni la sintaxis se escapa de ser agredida: “¡Los molesto, ese lugar es para cinco!” (sic).
Envidio a los que alcanzaron a sentarse en el asiento trasero, pues disfrutan de algo que, muy de buenas, podríamos llamar “respaldo”. Los envidio y ni tanto, porque al igual que nosotros, deben ajustarse cuatro personas en un asiento para tres, y los que van ventanilla, tienen que encoger los pies, pues van justamente detrás de las salpicaderas de la camioneta de carga que alguna autoridad permite que sea utilizada para hacer dinero a costa del sufrimiento humano.
Me subí en esta cosa porque me cansé de esperar un autobús y porque un letrero anunciaba que se iba por la autopista. Ilusamente creí que, si utilizaba esta ruta, el tiempo de tortura sería menor. Pero la palabra autopista es tomada en un sentido muy espídico por estos choferes, pues vaya que aprovechó muy bien sus veintidós pesos de peaje. Con velocidades no menores a los cien kilómetros por hora, que reducía a cero en menos de doscientos metros cuando se aproximaba a un paradero, sin cinturón de seguridad ni un tubo del cual sostenerse, algunos pasajeros luchábamos por no perder la compostura y ser dominados por el miedo o por la inercia. Otros, debo decirlo, parecían extraordinaria y lúgubremente adaptados a estas condiciones infrahumanas de transporte.
Al nada suave vaivén de la camioneta se sumaba un fondo musical a alto volumen de apologías y odas al crimen organizado (movimiento alterado, le llaman), que solamente se opacaba cuando el chofer insultaba a los conductores de otros vehículos y cuando compartía de manera muy procaz sus impresiones con un par de pasajeras que viajaban en el asiento delantero.
Por primera vez entendí esa idea de algunos viajeros, de besar la tierra cuando se baja de un vuelo con fuertes turbulencias. En este caso, yo tenía más intención de mentarle la madre al chofer que de hincarme en el suelo pleno de grasa automotriz y alimenticia del paradero de Indios Verdes, cuando los pasajeros me dieron una lección. Cuando algunos con las piernas entumidas, otros con las nalgas adormecidas, y casi todos con una tensión gratuita en las vértebras cervicales, logramos bajarnos de la camioneta, ¡los pasajeros le dijeron gracias y le desearon buen día al aprendiz de desquiciado que tan mal manejaba. Lo que no puedo asegurar es si la lección fue de inteligencia emocional, de católica resignación o de chomskiana degradación colectiva.
Este relato no debe ser sorprendente para los hipotéticos lectores que viajan de manera cotidiana en el transporte colectivo del Estado de México, particularmente para los que tienen que trasladarse los municipios conurbados a su trabajo o su escuela en el Distrito Federal. Es tradicional un nivel pésimo de servicio en esta entidad, desde la época de los autobuses suburbanos. No creo que llamarlos “camiones” fuera simplemente un error de vocabulario. Los choferes de estos autobuses los conducían como si fueran eso: camiones, y los pasajeros su carga. Sin precaución y con trato animal. Posteriormente, el inicio de la crisis aumentó notablemente el número de desempleados y de adultos sin preparación académica ni oficio. La solución del gobierno príista fue tan buena que Vicente Fox, del PAN, la retomó, sexenios después. Si no puedes crear empleos ni preparar a tu pueblo, inventa ocupaciones que no aporten a la economía; parasitarias, si es necesario; pero que bajen el porcentaje de desempleo en las estadísticas; por aquello de la macroeconomía. Y los ochentas vieron el surgimiento de las “combis”, de las “peseras”. Partiendo de la argumentación de que a menor capacidad de pasajeros, menor número de paradas en el trayecto, y menor tiempo de traslado, se permitió la operación en todo el país de vehículos mal habilitados para el transporte colectivo de seres humanos. No sabemos de una demostración de este razonamiento, menos aun cuando en esos años no se tenían métricas de este tipo, en un ambiente de caos y de desorden que a la fecha perdura.
No obstante estas camionetas colectivas se multiplicaron y fueron desplazando a los autobuses del negocio, que no a los dueños y controladores; pues eses siguieron siendo los mismos. En términos de desempleo, los números lucían bien en las estadísticas gubernamentales. Si para trasladar 60 personas entes bastaba con un solo conductor, ahora se necesitaban cuatro choferes. La multiplicación de los empleos, en plena crisis económica. Para la ecología no había tanto beneficio pues ahora había cuatro motores contaminando en lugar de uno. Y para la circulación vial peor aún, pues cuatro camionetas, por muy pequeñas que fueran, ocupaban más espacio que un autobús. Sería conveniente investigar si esta multiplicación gratuita de motores y choferes contribuyó a las numerosas contingencias ambientales de los noventas en la Ciudad de México.
Por supuesto que el gobierno estaba encantado con este tipo de servicio. No solamente mejoraba las estadísticas de desempleo sino que también multiplicaba los votos, los acarreados y la carne de cañón para los enfrentamientos con los opositores. Ahora, además de las hordas de vendedores ambulantes, ahora tenía pandillas de choferes y pequeños propietarios dispuestos a pelear sin conocer la causa, pero sí la consecuencia de no hacerlo; es decir, perder el permiso discrecional del gobierno para vender o transportar personas. Además, los grupos de choferes y de conductores podían brindar transporte gratuito a los acarreados y a los que votaban en múltiples casillas.
El modelo funciona tan bien que, si bien el PAN no lo utilizó abiertamente para fines electorales y de movilidad de sus acarreados, sí consintió su permanencia y proliferación. Aún recordamos a Vicente Fox ufanándose de que nuestra tasa de desempleo era menor a la estadounidense. No explicaba por qué entonces no veíamos gringos cruzando el Río Bravo hacía el sur, para conseguir trabajo. El PRD, cuyos fundadores pelearon contra el corporativismo y el clientelismo, rápidamente adoptó a organizaciones de chóferes y de propietarios de estas infames camionetas. Y no veo muy difícil que en Morena encuentren cabida estos proveedores de un servicio infrahumano.
El gobierno y los partidos políticos han permitido la permanencia de un modelo de transporte que no sólo es inviable; es caótico por su propia naturaleza. Aunque algunas rutas del Estado de México al Distrito Federal han sido concesionadas a personas morales, algunas con la personalidad jurídica de empresas mercantiles, estos vehículos de transporte infrahumano no forman parte de sus activos contables. Cada propietario debe pagar a la organización que controla la ruta, una cantidad por ingresar y una cuota periódica para que su camioneta circule por ella. La organización no tiene ningún control de la camioneta, situación legal o estado mecánico. Tampoco sabe cuántos asientos tiene, ni como está acondicionada. Mucho menos sabe quién es el chófer, cuánto gana, el folio de su licencia de conducir, ni si tiene antecedentes penales. Porque no le interesa. El modelo de negocio no lo requiere.
La manera de hacer dinero, que no de generar riqueza, es muy simple. Los líderes de la organización (o empresa), consiguen la concesión de la ruta por sus contactos en el gobierno y a cambio de compromisos políticos. No tenemos pruebas, pero no es improbable que en este intercambio, también corra dinero a las cuentas de algunos funcionarios.
Luego, la organización cobra cuotas a los propietarios de las camionetas: por ingreso, por trabajar, por gestionar una regularización que no siempre llega; y que de todos modos no hace falta. Las camionetas circulan sin placas de ser necesario y están a salvo de las fauces de los policías de tránsito; al menos por esta falta. En los tiempos de Al Capone, a esto se le llamaba “venta de protección”.
Por cierto, la organización rara vez proporciona los servicios esperados de una empresa de transporte. No son numerosos sus talleres, estacionamientos o grúas. Menos aún tienen sistemas de operación, de control boletaje, o procesos de recursos humanos. Incluso permiten la operación de personas que piden dinero a los operadores de las camionetas: despachadores y contadores de vehículos.
Los propietarios no tienen un plan de negocio ni nada parecido. Simplemente quieren recuperar lo más pronto posible el costo de la camioneta y las cuotas que les cobra su organización. Dado que la organización carece de sistemas de control de ingresos, los dueños simplemente alquilan sus camionetas a los choferes por una cuota diaria que llaman “cuenta”. Esta cantidad está calculada para que se recupere la inversión, se cubran costos y se gane dinero antes de que el vehículo quede inservible.
Por lo anterior las cuotas tienden a ser altas. Luego, el objetivo del chofer no es dar un buen servicio, ni siquiera cuidar de la camioneta, sino tratar de subir la mayor cantidad de pasajeros, paras cubrir la cuenta, el combustible y su cincuenta por ciento de aportación para las reparaciones del vehículo. Por supuesto, manejará mal y se acabará la camioneta rápidamente, por lo que el propietario buscará cobrar una cuenta más alta. Y el chofer conducirá con menos precaución y más prisa por cargar pasajeros. Y así, en un círculo vicioso, una espiral ascendente de costos y de inseguridad, en la que el mayor perdedor es el pasajero, que cada vez paga más por un servicio cada vez peor.
Y también pierden los automovilistas que se ven obstaculizados en su camino, ya veces agredidos por los choferes sin control. Y también la ciudad, pues el caos vial aumenta en las cercanías de los paraderos de estos colectivos. Y la economía, con miles de horas perdidas, con miles de pesos en daños por accidentes. En resumen, podemos hablar no solamente de una actividad improductiva, si no también parasitaria; pues los ingresos de los beneficiados (chóferes, propietarios, líderes y funcionarios) son a costa de las pérdidas sufridas por otros agentes económicos.
Lo que no podemos negar es que el esquema se ha establecido firmemente y que difícilmente será trastocado; el menos, en el Estado de México. De manera absurda, vemos avenidas principales como la López Portillo con servicios de transporte confinado (Mexibús) compartiendo la vialidad con miles de camionetas de transporte infrahumano. El actual gobernador, Eruviel Ávila, promocionó en su campaña haber trabajado como cacharpo (ayudante de chófer de autobús); lo que no dijo es que los autobuses eran de su padre, ni que su familia sigue en ese negocio. Que tiene conflicto de interés.
Un análisis de causa raíz nos lleva a municipios conurbados que pasaron de ser conocidos como zonas industriales a ciudades dormitorio. El caso de Ecatepec, origen del gobernador, es emblemático. Con economías en franco declive y la autorización criminal de más y más fraccionamientos, millones de mexiquenses se ven obligados a viajar durante horas para llegar a su trabajo en el Distrito Federal. La solución pasa por la sustitución de estos transportes inhumanos por otros más sostenibles y decentes, pero nos lleva a la reactivación económica de los municipios del Estado de México.
Pero la mayor preocupación es que los mexiquenses se estén acostumbrados a esta situación. A no poder conseguir un trabajo justamente remunerado en la entidad donde residen. A tener que experimentar veinte mil metros de viaja subhumano para llegar a su empleo en la Ciudad de México. Experimentar, porque muchos ya no lo padecen, se han adaptado a esas condiciones infrahumanas. Voy sentado en una banca en la que apenas cabemos las tres personas que vamos sentadas en ella. Sube un pasajero y ante la arenga del chófer, tratamos de manera infructuosa de reducir el espacio que cada uno de nosotros ocupa en el espacio. No podemos reducir este espacio más allá de lo que miden los huesos de las caderas. El pasajero se enoja y le dice al conductor “es que están muy anchos”.
Dice Noam Chomsky que una de las estrategias que el gobierno utiliza para manipular a la población es fomentar la complacencia con la mediocridad. Una ruta en la que el pueblo se conforma cada vez con menos, en la que se autodegrada y se acostumbra a recibir productos y servicios mediocres. Así, jamás pedirá mayor calidad. Ni en el transporte, ni en el entretenimiento, ni en el gobierno, ni en su nivel de vida.

lunes, 28 de septiembre de 2015

USO DE TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN PARA EL MEJORAMIENTO DE LA SEGURIDAD PÚBLICA


El sexenio anterior y el actual han significado, en materia de seguridad pública, una hecatombe humana con resultados gravísimos. De acuerdo a las cifras de las organizaciones no gubernamentales (ONGs) la lucha o “guerra” contra el crimen organizado nos ha costado cerca de 100,000 muertos y 30,000 desaparecidos. Si bien los números oficiales son menores, siguen en el mismo orden que varias guerras civiles. Además de esta catástrofe humanitaria están los resultados, nada alentadores desde una perspectiva ciudadana: 
1.     El crimen organizado no disminuyó su capacidad (a juzgar por la estabilidad del precio de las drogas en EE UU), sino que amplió sus “líneas de negocio” del narcotráfico a otras como el secuestro, el cobro de “derechos” de piso y de tránsito, la piratería y el tráfico humano. 
2.     El número de organizaciones criminales ha aumentado, y con ello las violentas luchas entre ellas por el control de zonas, rutas y líneas de negocio. 
3.     Las actividades de estos grupos han invadido nuestra vida diaria. Cada día, colonias que antes no padecían más problemas que los de los ladrones comunes, viven en la zozobra de ser afectados por secuestros, extorsión, balaceras, "levantones" y ejecuciones. Peor aún; en la medida que el crimen organizado extiende su influencia territorial, incluso los delincuentes comunes pasan a formar parte de estos grupos, lo que los hace más poderosos frente a los ciudadanos. 
4.     Los grupos criminales han adquirido mayor poder económico. lo que les permite comprar mejor armamento y corromper más fácilmente a las autoridades, desde los policías de barrio hasta los niveles más altos. 
5.     El tejido social se ha descompuesto a tal grado que, para muchos jóvenes, las organizaciones criminales son opciones de trabajo y aun de vida. 
Podemos continuar con esta lucha contra el crimen. De hecho, nadie ha pedido que se suspenda el ejercicio legítimo de la violencia contra los delincuentes. Pero lo que no puede seguir es el baño de sangre en que estamos sumergidos, ni los resultados tan mediocres que en lugar de debilitar, fortalecen a las organizaciones criminales.  
Por otra parte, no se puede continuar con una pelea que cada día arroja más víctimas del lado de los civiles; no olvidemos que las autoridades han reconocido  que de 50,000 muertos, más 5,000 fueron bajas civiles o ”daños colaterales” ¡El diez por ciento! Esta injusta afectación de la vida ciudadana, distancia a los ciudadanos de las policías y de los cuerpos de seguridad nacionales; y trastoca el tejido social de las comunidades. Además, en la medida que se justifican las bajas civiles y se protege el actuar ilegal de las fuerzas armadas, se da carta de Corso a miles de elementos de las fuerzas armadas para violar la ley a su antojo. Esta omisión del gobierno no es otra cosa que un crimen de estado sistemático que afecta lo mismo a presuntos delincuentes (como es el caso Tlatlaya), que a estudiantes de instituciones privadas (Tec de Monterrey) y de escuelas públicas muy pobres (Ayotzinapa).
Se ha argumentado que alguien tenía que hacer algo contra el crimen organizado y estamos de acuerdo; pero los resultados son pésimos y con un costo espeluznante para los ciudadanos. Por supuesto que el estado tiene la prerrogativa de ejercer la legítima violencia contra ellos, pero una violencia dirigida por inteligencia, en oposición a una violencia que en la práctica parece indiscriminada porque afecta a civiles inocentes; en oposición a malgastar los escasos recursos del estado en operativos y despliegues fallidos. Una violencia inteligente que maximice la efectividad de las operaciones; que minimice las afectaciones a la vida civil; que mejore la relación costo/beneficio; y que efectivamente debilite el poder de las organizaciones criminales y de los delincuentes comunes. 
Si bien, en general los cuerpos policíacos del país cuentan con personal de investigación con entrenamiento y ciertos recursos de datos, solamente unas cuantas agencias de seguridad a nivel nacional cuentan con sistemas de información avanzados tan poderosos como los que usan sus homólogas extranjeras. Por tal razón, los trabajos de investigación tienden a ser lentos y frustrantes. Mientras los grupos criminales han mejorado (para mal nuestro) sus procedimientos, nuestras policías siguen arrastrando el lápiz y, en el mejor de los casos, consultando bases de datos disjuntas, desactualizadas y no fiables. Peor está el caso de los informes que entregan los agentes, algunos impresos, otros en formato digital (Word, PowerPoint). Se tienen toneladas de información valiosa pero en general, la única manera de explotarla es leyéndola directamente, lo que es humanamente imposible.
Como no nos gusta que se nos tache de ciudadanos que solamente nos quejamos y no proponemos nada, utilizaré el blog para hacer pública la propuesta de que los cuerpos de seguridad pública mexicanos utilicen herramientas de tecnología de información y de comunicaciones (TIC) que les ayuden a encontrar la información útil para sus labores de inteligencia, entre el mar de información que tenemos. Entre los problemas cuya solución puede apoyar sensiblemente la efectividad de operativos y despliegues, se encuentran los siguientes: 
  • Resolución de identidades. Los criminales no solamente utilizan alias, sino que también cuentan con varias identidades, acreditadas con documentos apócrifos o legítimos, que utilizan para cubrir los rastros de sus actividades criminales, y como parte de sus operaciones. La resolución de estas identidades en una sola entidad no es tarea fácil, pues los delincuentes hacen todo lo posible por desconectarlas.  
  • Descubrimiento de redes de vínculos. Los criminales no solamente usan estas identidades para proteger su verdadera identidad, sino que además realizan sus operaciones estableciendo relaciones de “negocio” indirectas, a través de interpósitas personas. Nuevamente, estas relaciones indirectas, que a veces pueden implicar varios grados de separación entre el objetivo y su verdadero “socio de negocio”, son ocultas para evitar que sean descubiertas. 
  • Extracción de datos de documentos no estructurados (Word, PowerPoint, digitalizados, etc.). Es en los informes redactados de manera libre que se encuentran datos cruciales para deducir el modus operandi de forma rápida. Asimismo, en estos archivos hay una gran cantidad de datos que no encontraron cabida en las bases de datos, pues no había un campo que les correspondiera. Toda esta información debe ser localizable tal y como lo hacemos en Google, y además debe aprovecharse para resolver la identidad de los criminales y para descubrir sus redes de vínculos.
  • Descubrimiento de correlaciones estadísticas entre documentos. Además de que la información contenida en los reportes sea fácilmente localizable, debe poder ser útil para encontrar correlaciones estadísticas entre los datos, de tal manera que podamos determinar distribución y patrones de actividades criminales por zona, edad, nivel social, etc. 
  • Integración de bases de datos y documentos. Todas las funcionalidades anteriores deben ser aplicables a un conjunto único de datos, en el que converjan las bases de datos tradicionales y los informes redactados de manera libre o semiestructurada (formatos). Dado que ya estamos un nivel superior a la consulta de datos, en la resolución de identidades, descubrimiento de redes de vínculos y de correlaciones estadísticas, todos los datos disponibles deben estar contenido en la misma herramienta de manera transparente para el agente investigador; incluyendo la información que de manera pública corre por las redes sociales. 
  • Alertas. Si se está dando seguimiento a un caso, no es posible saber de antemano cuándo y cómo llegará información útil para avanzar en él o proceder con acciones contra el objetivo. Dada la gran cantidad de fuentes de datos y su diversidad, sería de gran beneficio una herramienta que notificara cuando un dato de interés ha arribado al sistema.
  • Seguridad granular. La secrecía propia de las investigaciones implica que los resultados de estas herramientas estén disponibles únicamente para los agentes apropiados, de tal forma que no se ponga en riesgo, ni la propia investigación, ni la integridad de las personas.
Afortunadamente, ya existen herramientas de TIC que, valiéndose de diversas técnicas y teorías, tienen estas capacidades. Su implementación requiere de metodologías que incluyen análisis, modelado, limpieza y estandarización de datos, etc., pero ya existen casos de éxito en México y Latinoamérica que, mutatis mutandis, pueden ser replicados a nivel nacional, estatal y municipal.
Con la incorporación paulatina de este tipo de herramientas de inteligencia a las tareas de seguridad a nivel estatal y municipal, se optimará el tiempo de los investigadores y se harán más eficientes los despliegues y operativos; asimismo, se minimizará el impacto de las operaciones en la población civil. Claro está, si el objetivo es debilitar rápidamente los pilares del crimen organizado.