miércoles, 2 de julio de 2008

Coacalco. Guía de sobrevivencia para automovilista

Estimado visitante de provincia, querido vecino chilango:

Usted que tiene que cruzar por la Vía José López Portillo y crea que la fama pública de tal ex presidente oriente a ciertas personas a actividades de robo y extorsión, piénselo bien. Porque tiene usted razón. Esta avenida, particularmente en la zona de Coacalco está bajo el control de dos de las mafias más poderosas en el Estado de México: las policías municipal y de tránsito de Coacalco de Berriózabal.

Sin embargo, no todo es tragedia y sirvan estas líneas como una guía, sino para hacer más placentero su paso por esta congestionada vía, sí para salir con vida y dinero de ella. Por favor, siga con atención las siguientes indicaciones:

  • En Coacalco no es penado el pasarse los altos, dar vueltas prohibidas ni embestir a otros vehículos. No, la policía de este municipio ya rebasó esa fase primitiva de la seguridad y está más preocupada por las cuestiones ambientales y jurídicas. Circular el día que no le toque, no traer la calcomanía de la verificación; esas si son faltas graves y peligrosas. Seguramente por eso son más altas las multas correspondientes; y sus primas hermanas, las mordidas.
  • Por lo anterior, revise el calendario y su reloj antes de ingresar a esta ex hacienda. También revise detenidamente su automóvil para verificar que ninguna de las calcomanías está borrosa, que sus luces y parabrisas están como salido el carro de agencia; que ese día y a esa hora, las autoridades capitalinas le han permitido ejercer su derecho al libre tránsito, consagrado en la constitución.
  • Si no es así, tenga usted mucho cuidado. En los tiempos en que el PAN gobernaba el municipio era común ver a los policías ganándose de dos mil a tres mil pesos por permitir continuar su camino un día Viernes a un vehículo nuevo proveniente de provincia, cargado con la familia del conductor visitante. De lo contrario, el coche sería llevado al corralón y: “pues a esta hora, yo creo que hasta el Lunes va a poder pagar la multa y sacarlo. ¿Trae sus maletas? Chéquele bien, si no para conducirlo de una vez al corralón”.
  • Pero esos tiempos de caos ya se terminaron, el PRI ha tomado el control del municipio, gracias a la afición por el dinero y las armas de los panistas hoy defenestrados. Ahora no va a ver usted a un policía en la calle recibiendo dinero cuando el castigo implica llevar el auto al corralón. Ahora hay organización; los policías lo llevan con todo y familia a un corralón en una avenida llamada Eje 8, en el que ciertamente se encierran los autos. En un despliegue de eficiencia, el corralón no obliga a los policías a quedarse a levantar su reporte ni tiene una caja que expida recibos por el pago de multas. Los policías reciben una ficha y son anotados en una lista (quizás para premios a la productividad) y de inmediato se retiran para buscar otro vehículo que llevar al corralón. Ya ahí puede usted negociar, ora sí que en lo oscurito, con el jefe en turno, encerrado en una oficina poco iluminada a la que se llega a través de una salita en la que policías armados cuentan sus piadosas aventuras. Y si es tal el empeño que los policías ponen en su trabajo que el pequeño lote se empieza a llenar, otro policía sale a conversar con los conductores para ayudarlos a recuperar sus vehículos. ¡Fin a la corrupción! Bueno, en la calle, a la vista de todos; ahora es en un recinto oficial, con guardias armados.
  • ¿Cómo evitar estas incomodidades? Le recomiendo viajar en una camioneta de carga habilitada con unas tablas para el transporte infrahumano, pintada de blanco, con distintivos de alguna agrupación de colectivos, TUMAC y Transportes Victoria son buenas opciones. Quítele placas y cualquier calcomanía que identifique al vehículo, deje su licencia de conductor en casa y súbale todo el volumen a las canciones del “Gallo de Oro”, de “Nigga” o lo que se oiga más duro. Ignore los altos, deténgase un minuto en la salida de alguna calle y si puede beberse una caguama o fumar un cigarrito de marihuana antes de salir, mucho mejor. En ocho años no he visto una sola camioneta colectiva que haya sido detenida por los policías de este municipio. Y los entiendo, ¿qué licencia les infraccionan si no traen? ¿qué placas les quitan si ni siquiera las han tramitado en los años que tiene circulando la camioneta?

martes, 3 de junio de 2008

Harvard Business Review y la reforma petrolera de Felipe Calderón

Mi primera aproximación al tema petrolero fue, si descuento los homenajes anuales en torno al 18 de marzo en la primaria, el movimiento liderado por Heberto Castillo a fines de los setentas y cuyos argumentos se encuentran plasmados en forma por demás didáctica en el libro “Huele a Gas: Los Misterios del Gasoducto”[1], coescrito por el inventor del Vector Activo o trililosa y el genial caricaturista Rius.

Lo primero que me llamó la atención en aquel momento fue la frase utilizada para denunciar la entrega malbaratada del petróleo al gobierno gringo. Decía el Ing. Castillo que se estaba vendiendo el petróleo al igual que otro vende caoba como si fuera leña. Afirmaba que el petróleo genera riqueza donde se consume, no donde se produce; que por esta razón PEMEX debería orientarse más a la petroquímica y menos a la extracción. Como Heberto Castillo era el dirigente del único partido efectivamente de oposición, el Partido Mexicano de los Trabajadores, sus argumentos fueron ignorados por el gobierno, aunque el movimiento social que dirigió sí logró impedir el proyecto de un gasoducto hasta Texas.

Ahora en medio de los debates, además de la plétora de expertos que están derribando los sofismas de la reforma petrolera, es también una revista eminentemente capitalista la que le da la razón al Ing. Castillo. En el número de marzo de 2008 de Harvard Business Review[2] aparece en la sección Forethoughs el artículo “Megaregions: The Importante of Place”.

El argumento central del artículo es que la economía mundial está organizada alrededor de una docena de mega-regiones que concentran la actividad económica y la innovación a nivel mundial. Estas mega-regiones están compuestas por ciudades con sus zonas conurbadas y aún por conjuntos de ciudades disjuntas entre sí, pero involucradas económicamente. Lo que nos atañe en este caso es ¿cómo es que identificaron a estas mega-regiones? Tim Guiden, de la Universidad de Maryland usó imágenes satelitales tomadas sobre áreas del globo en horario nocturno para localizar regiones contiguamente iluminadas, porque de acuerdo al investigador este factor es un indicador de actividad económica. Después pudo correlacionar estas regiones iluminadas de noche con datos económicos como el producto interno bruto para tener un valor que denominó LRP (producto regional basado en iluminación o light-based regional product). El resultado es avasallador: estas doce mega-regiones, ostensibles consumidoras de energía, concentran el 66% de la actividad económica mundial y el 86% de las innovaciones patentadas.

¡Así que el líder del PMT tenía razón! La riqueza se genera donde se consume la energía, no donde se produce. ¿Así que de acuerdo a la revista de negocios Harvard Business Review el famoso tesoro de Calderón no va a sacar a México del subdesarrollo? ¿Qué tenemos que aprovechar esa energía nosotros y no ofrecerla como reserva estratégica a otros?

Es una revista de negocios a la que de todo podemos catalogar menos de “populista” o de “izquierdista” le da la razón a Heberto Castillo y otros opositores a la reforma petrolera de Felipe Calderón ¿Podríamos nosotros reconsiderar sus tesis y buscar que este recurso no se extraiga de manera compulsiva y sí se procese para beneficio de los mexicanos?


P.D. Ahora que el tema es la reforma petrolera de Felipe Calderón y la oposición a ella de diversos actores, algunos cercanos al FAP, otros no tanto, no han faltado los locutores que para descalificar a López Obrador, al PRD y sus seguidores los tachen de ignorantes, de desconocer como se dio la Expropiación Petrolera en 1938. La realidad es que hay menos conocimiento sobre el tema entre los seguidores del PAN y de sus voceros en la televisión y en la radio. Para paliar esta deficiencia, les ofrezco las ligas a una serie de artículos del maestro Gónzalo Martínez Corbalá, publicados por La Jornada y asequibles en su sitio web:

http://www.jornada.unam.mx/2008/03/31/index.php?section=opinion&article=020a1pol

http://www.jornada.unam.mx/2008/04/14/index.php?section=opinion&article=022a1pol

http://www.jornada.unam.mx/2008/04/28/index.php?section=opinion&article=019a1pol

http://www.jornada.unam.mx/2008/05/12/index.php?section=opinion&article=019a1pol

http://www.jornada.unam.mx/2008/05/26/index.php?section=opinion&article=025a2pol



[1] Castillo Martínez, Heberto , Rius (Del Río, Eduardo); “Huele a gas: Los misterios del gasoducto”; México, D.F. Posada, 1977.

[2] Florida, Richard; “Megaregions: The Importante of Place”; Harvard Business Review, March 2008; hbr.org

jueves, 29 de mayo de 2008

REPORTE DE VIAJE A OAXACA

La semana pasada tuve la fortuna de visitar la ciudad de Oaxaca por un asunto de la consultoría. Debido a nuestra ineluctable capacidad de descoordinación, no pudimos volar sino que llegamos a tan bella ciudad por autobús; eso sí, más cómodo que el avión. Tan mal quedó nuestro itinerario que teníamos que tomar el camión de regreso a la Ciudad de México al caer la tarde. Sumamos las seis horas y media de trayecto y me veo pasada la media noche buscando como llegar a mi pueblo. Así que preferí cambiar mi boleto para regresarme a la media noche de Oaxaca, dormitar en el autobús, y llegar a la otrora Ciudad de los Palacios con la luz del día. Además, este cambio me permitiría extender el alcance de mi viaje, pasando la tarde en el centro de Oaxaca.

Vaya que fue una decisión acertada: pude disfrutar una comida exquisita en "La Casa de la Abuela", mirando las plazas al amparo de sopa de guías, chapulines, mole negro, mezcal y café de olla. Después eché a andar por las plazas y el corredor turístico. En los pórtales estaba un plantón de la sección veintidós del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y algunos puestos de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, de grupos en contra de la reforma petrolera de Calderón, y hasta del Partido Comunista de México (Marxista Leninista) que trasnochadamente lucía una bandera con la efigie de José Stalin. El ambiente era divertido, sin la hediondez mencionada por los medios y sí con la oportunidad de adquirir videos sobre los movimientos sociales del sur del país. Por supuesto que además visité el Museo de los Pintores Oaxaqueños, el de Culturas y el de Arte Contemporáneo y gocé el corredor turístico librando varios grupos bastante numerosos de turistas gringos y europeos.

Una vez que el calor me venció y los museos cerraron, me senté en un restaurante de los pórtales para disfrutar el anochecer húmedo y ardiente. La plaza parecía una verbena con los vendedores de discos piratas por un lado y los sindicalistas del magisterio por otro. Lo mismo escuchaba canciones de protesta, que cumbias y pasito duranguense. Una cerveza helada reconciliaba mi pobre condición física con el clima cuando empecé a ser abordado por niños y jovencitas ofreciendo artesanías; demasiado tarde, ya había ejercido el presupuesto correspondiente en los puestos del corredor turístico. A todo decía que no de manera casi automática; y digo casi porque con frecuencia me distraía con la belleza de una oaxaqueña o de una turista cruzando la plaza. Este comportamiento se colapsó cuando un niño al que le había rechazado su oferta de collares me preguntó si le regalaba uno de los cacahuates que el mesero me había puesto de botana para que me diera más sed. Se los dí todos en una servilleta y mientras se alejaban él y su hermanito comiéndolos con peligro de atragantarse, empecé a ver las cosas desde una perspectiva más sistémica. Vino a mi mente mi queja inicial porque en el hotel no tenían Internet inalámbrico en las habitaciones, porque no conseguí conectarme al ciberespacio en ningún café o restaurante, así como la gran cantidad de pintas y de carteles exigiendo la libertad de los presos políticos y denunciando la represión ejercida por los gobiernos federal y local hace dos años.

El regreso no fue tan reparador como había planeado, pues en el trayecto mi sueño fue interrumpido dos veces. En la primera se prendieron las luces interiores del autobús y abrí los ojos para encontrarme con un policía de migración que me buscaba rasgos guatemaltecos. De inmediato puse mi cerebro a trabajar para recordar el nombre del presidente municipal de mi pueblo; no fuera a terminar mi viaje en un centro de detención para indocumentados. La segunda vez fue un joven soldado quién me despertó para amablemente obligarme a abrir mi maleta y el estuche de la laptop; y de esta manera, comprobar que entre mis calcetines sucios no llevaba marihuana ni alguna otra droga alucinante.

Oaxaca: espero verte pronto.

sábado, 17 de mayo de 2008

De acciones gratuitas e inútiles

DE ACCIONES GRATUITAS E INÚTILES

  1. En una acción eminentemente mediática, el gobierno colombiano envío a la INTERPOL la computadora que, según el ejército colombiano, pertenecía a Reyes, líder de las FARC a cargo de las negociaciones para liberar a los rehenes que a causa de una estrategia equivocada mantiene este grupo insurgente en su poder. Si bien la INTERPOL certificó, con la autoridad que le da ser policía y no un grupo de expertos en computación, que los archivos de la laptop de marras no han sido alterados, no se atrevió afirmar que esta información hubiera sido efectivamente escrita o desarrollada por el guerrillero. Por supuesto que esto último es imposible de probar toda vez que el supuesto dueño fue muerto y son sus asesinos los que afirman que era su computadora; así nomás, sin testigos ni manera alguna de corroborarlo. Si la palabra bastara en estos casos, buena chamba se habrían ahorrado los corporativos gringos y sus filiales con la Ley Sarbabes-Oxley que exige que además de los propios archivos y mensajes electrónicos haya mecanismos automatizados (software) de control que permitan asegurar con un nivel mínimo de duda la autoría y autenticidad de los datos. Claro está que los locutores mexicanos dan como absolutamente confiable la palabra de un ejército que violó las leyes internacionales al ejecutar un bombardeo y una incursión armada en el territorio de otro país sin mediar declaración de guerra ni comunicado alguno.
  2. Un juez ecuatoriano ha realizado una acción que con antelación se sabia gratuita e inútil. Ha ordenado que los sobrevivientes del ataque el ejército colombiano en territorio de Ecuador no abandonen el país y ha solicitado su extradición al gobierno de Nicaragua, donde estas personas están en calidad de asiladas políticas. Si pide la extradición es porque sabe que están fuera del país, ¿entonces para que dicta la orden de que no salgan del país? Por otra parte, era harto previsible que el gobierno de Daniel Ortega, apoyándose en el derecho de asilo, no iba a conceder la extradición. ¿Le sobra tiempo a los jueces ecuatorianos? ¿O acogidos a San Judas Tadeo son defensores de causas pérdidas? Aunque para los mexicanos acostumbrados a que la justicia está alineada con las decisiones del poder ejecutivo, no deja de ser interesante saber de un país en el que los jueces no siguen fielmente las ideas del presidente. En México, cuando el caso de Ernestina Ascencio, hasta a Comisión Nacional de Derechos Humanos tuvo que hacer esfuerzos de irracionalidad para ajustarse al veredicto que sin conocer el expediente había emitido previamente Felipe Calderón.
  3. Hay un detenido en Costa Rica que enfrenta la posibilidad de la cárcel en ese país caribeño que busca afanosamente evitarla, cosa de la que no podemos culparlo pues como decía Piporro: “Dicen que las rejas no matan,/pero más vale que no me metan;/qué tal si después/ya no me sacan”. Como su estancia en ese país es ilegal, está buscando ser deportado por segunda vez a México y para ello ha declarado que él viajó con Lucía Moret a Ecuador como parte de un maligno complot guerrillero que no solo incluye a los mexicanos agredidos y a sus anfitriones de las FARC, sino también a la APPO, cuyo líder tuvo que ser liberado recientemente ante la falta de pruebas que sostuvieran las acusaciones del gobierno en su contra. Nuevamente, las dóciles voces de los locutores lectores de noticias han tomado este dicho como indudable, seguramente por la calidad moral del detenido. Dado que las afirmaciones de este individuo no pueden ser probadas, no servirán de gran cosa pero ya han cumplido su objetivo de desviar la atención y junto con las otras acciones gratuitas e inútiles jurídicamente, han creado una cortina de humo en torno de la acción ilegal del gobierno colombiano que ejecutó acciones de guerra en un territorio extranjero. Acción grave tanto por sus implicaciones legales como por la alevosía con que fue ejecutada.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Bombas y Emos

Hace unas semanas, una bomba estalló en las manos, se dice, de su portador y ejecutor de un atentado terrorista contra un alto mando de la policía capitalina. Después de la usuales elucubraciones de los medios masivos de difusión que incluían al grupo guerrillero Ejército Popular Revolucionario (EPR), la información proporcionada por el gobierno local apunta a un atentado del narcotráfico contra un alto mando de la policía capitalina. Ambas hipótesis adolecen de sustento lógico.

El EPR, si bien es un grupo armado que ha utilizado explosivos, regularmente lo ha hecho evitando la muerte de civiles. Más aún, la versión de que la bomba iba a ser colocada en la glorieta del metro Insurgentes aleja más la posibilidad de que esta guerrilla hubiera atentado contra la base a la que pretende convencer: el pueblo de a pié.

La versión oficial acerca de un atentado del narcotráfico contra un director de la policía capitalina también es endeble. ¿De cuando acá los narcotraficantes son tan sofisticados y se complican tanto para matar a un enemigo? Han matado capos y jefes de policía (que muchas veces vienen a ser lo mismo) a plena luz del día, en lugares públicos y con la simplicidad de un comando armado al que curiosamente nadie detecta ni mucho menos detiene. Pero aún, el estacionamiento donde según la versión oficial se iba a depositar la bomba no es donde los altos mandos dejan sus autos; ellos los estacionan dentro del edificio que alberga la Secretaría de Seguridad Pública, no en el camellón de Avenida Chapultepec. Y el poder de la bomba no alcanzó para destruir un coche viejo y dos de modelo reciente; difícilmente iba a destruir el auto de un jefe policíaco, que con mucha probabilidad estaría blindado.

El video que Televisa proyectó antes que las autoridades y que usa para convertirse en juez y demostrar que la chica herida era parte del atentado, muestra a un tipo que no tiene una idea clara de lo que porta. Balancea a bolsa con la bomba como si fuera el bolso de mano de su novia. ¿Es éste el comportamiento de un terrorista profesional?

Algo que también llama la atención es el uso de un explosivo plástico de circulación restringida y que en México solo es manejado por el ejército. La dinamita utilizada por el EPR para volar los ductos de PEMEX el año anterior es de uso común en la industria minera y de la construcción por lo que finalmente se puede conseguir. No es el caso del explosivo utilizado en Avenida Chapultepec. Como mencioné en un blog pasado, creo que no conoceremos la verdad de este hecho.

En otro orden de cosas, al menos aparentemente, el 7 de marzo una pandilla de golpeadores atacaron a un grupo de jóvenes “emos” que se reúnen en el centro de la conservadora ciudad de Querétaro, enclave del partido en el poder, el PAN. El ataque fue precedido de “convocatorias” por Internet dirigidas a otros grupos de jóvenes que gustan de música excluida de los medios comerciales: punks, metaleros, skatos. Y la convocatoria a su vez fue antecedida por una campaña subterránea dentro del ambiente rockanrolero mexicano de denostación de quienes se presentan como emos y que también escuchan música de rock y están marginados de la cultura y del entretenimiento oficial. Una campaña eminentemente fascista que discrimina a los otros por ser diferentes dirigida a un grupo de también discriminados.

Resulta curioso que la consecuencia históricamente lógica de la campaña de discriminación contra los emos, un ataque violento, se diera en un bastión de la derecha mexicana, en la cuna del sinarquismo, en la zona donde el partido en el poder tiene mayor apoyo, en una zona donde los combatientes derechistas del Yunque operan sin mayor problema. Después se convocó a otro ataque en el Ciudad de México que no prosperó pues la policía capitalina intervino, pero ¿por qué primero en un sitio tan derechista? ¿Por qué la policía queretana no actuó como la chilanga si también se supo con antelación del ataque? Por cierto las fotografías y los videos muestran revueltos a jóvenes con las típicas indumentarias punk y metalera, a jóvenes con ropa más común (“de calle”) y hasta adultos bordeando los treinta sin mata metalera ni mohica punketa, sino cabello discretamente corto. En los setentas les llamaríamos “orejas”, infiltrados, provocadores o simplemente policías.

¿Qué ocurrirá ahora con los chavos que caminen por las calles céntricas de Querétaro vestidos como Rob Halford o como Sid Vicious? ¿Serán cordialmente invitados a largarse de ahí como nos corrieron de Aguascalientes en los noventas tras la cancelación del concierto de Black Sabbath? ¿Permitirán las discotecas la entrada a jóvenes emos, skatos, punks y metaleros?

Lo peor del caso es que la ignorancia hizo gala de su presencia en Internet con miles de mensajes apoyando la golpiza; hubo quienes filmaron y subieron videos de la “hazaña” de cien contra veinte a youtube.com. Como siempre, hay un número enorme de “rockanroleros” a quienes mueve más el rencor que le música, almas cuya pulsión principal es Tanatos y no Eros, la destrucción a falta de posibilidades creadoras. Hoy recuerdo a los más gandayas de los punks en los postreros setentas; agresivos y drogos, hoy son en su mayoría policías y delincuentes. Bueno, casi lo mismo.

¿Son inconexos estos dos eventos, el bombazo y la golpiza a los emos? Juzguemos. Mi oficina es cercana al sitio del bombazo. Pasamos la tarde de tan infausto día en un restaurante de la zona entre cervezas y rumores, elaborando conclusiones sin fundamento. La semana siguiente me la pase pagando parquímetros porque la policía nos impedía el paso a nuestro estacionamiento. Por supuesto que es una molestia, pero me resigné cuando recordé lo que uno de mis compañeros de trabajo dijo al salir del restaurante ese Viernes:

- Imagínate. Dicen que iban para la glorieta ¿Cómo sabes si alguien de la gente que te encuentras en el camino trae algo? Ya no vamos a andar a gusto.

Quien haya perpetrado el atentado, cumplió su objetivo: sembrar el miedo, la paranoia. ¿Conviene esto a los narcos o a los guerrilleros? No creo. ¿Conviene a gobierno federal tan dado a consentir a los militares, subiéndoles el sueldo y perdonándoles la violación de algunas mujeres? ¿Conviene al gobierno local que antes invitó como asesor al alcalde derechista de New York, durante cuyo mandato se violentaron los derechos humanos de las minorías?

Y si a eso le sumamos un clima de intolerancia no solo hacía los marginados, sino también entre ellos, solo queda pensar en la configuración de un ambiente propicio para el militarismo, para el fascismo. Ciudadanos paranoicos aceptando sin mayor preocupación retenes y revisiones, intolerancia hacía los heterogéneos, y carne de cañón brindada por los miserables. ¿Le convendrá a Felipe Calderón? Se acerca 2010 y los supertisciosos le tienen miedo a los ciclos.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

LOMBARDO

El cinco de diciembre de este 2007 agonizante asistí a la presentación del libro “Lombardo” escrito por Rosalío Hernández Beltrán, asesor sindical desde los tiempos del Partido Mexicano de los Trabajadores. Tuve el privilegio de leer el libro meses antes de su publicación, pues generoso y abierto, Rosalío tuvo a bien facilitarnos el borrador.

“Lombardo” es el primero de una trilogía de novelas históricas que Rosalío Hernández ha escrito sobre los personajes claves que en el siglo pasado dibujaron una actividad que a él le apasiona: el sindicalismo. Pronto veremos impresas las biografías noveladas del luchador comunista Valentín Campa, y del infausto Fidel Velazquez. Cabe mencionar que el que esto escribe tuvo el privilegio de leer un borrador en el que las tres biografías están entreveradas; es decir, grupos de tres capítulos cercanos en el tiempo, un capítulo para cada biografía. Si he de ser sincero, hubiera preferido ver impreso un librote con este formato, pues nos permitiría ir comparando sus posiciones y acciones ante los mismos eventos históricos. Es impactante (y pido perdón a Rosalío por adelantar contenidos de los otros dos libros de esta trilogía) ver como inician las vidas políticas de cada una de estas figuras del siglo veinte mexicano: Vicente Lombardo Toledano, uno de los llamados “siete sabios”, recibiendo un reconocimiento del presidente de la república; Fidel Velázquez huyendo de la hacienda de la que su padre era administrador, ante el ataque de los zapatistas; y Valentín Campa participando, junto a la turba de marginados, en los hambrientos saqueos que siguieron a la victoria villista en Torreón. Sin embargo, la decisión está tomada y ya se ha publicado la primera biografía; esperemos a que salgan las dos restantes y los invito a que las lean de manera simultánea, capítulo a capítulo.

Durante la presentación del libro, el Dr. Trueba, uno de los panelistas, disertó acerca de la aparente inutilidad de la novela histórica y concluyó que este tipo de género llena esas lagunas a las que no puede llegar el historiador por falta de información documental. Está en lo cierto, aunque no deja de darle un poco de razón a los detractores cuando afirman que la novela histórica es un ejercicio de imaginación y no necesariamente la verdad histórica. De conversaciones con Rosalío, creo que él ve la novela histórica como una herramienta para llevar de manera amena a los lectores hechos y procesos históricos que rara vez se enseñan en las escuelas y cuando son vistos, rara vez lo son con imparcialidad, profundidad y objetividad, y sí con mucho tedio y aburrimiento. La novela histórica sirve a la vez como un medio de difusión de una verdad ocultada por el poder y como una vía agradable para llegar al conocimiento de la historia.

Claro que hay supuestos y escenas en las novelas históricas que nadie puede constatar si ocurrieron del modo en que están siendo narrados; pero eso es un privilegio de la literatura, y mientras no se tergiversen los hechos históricos es válido y valioso. Particularmente valioso cuando la literatura se va a su materia y busca en esos personajes históricos la dimensión humana que la historia oficial y el antagonismo ideológico diluyen con frecuencia y gran eficacia.

Por ejemplo, sea el caso de Fidel Velázquez. Un personaje al que mi inmadurez política me hacía ver en mi adolescencia como una suerte de todo malo, insensible y carente de toda emoción humana. La lectura de su biografía por Rosalío nos lo muestra de carne, hueso y abstracción; bien lejos de ser un santo, pero tampoco el monigote robotizado. Por lo que toca a Lombardo, Rosalío le dedica un nivel de relato en ocasiones visible y las más de las veces encubierto, a sus dudas, arrepentimientos, amores, ilusiones y a su búsqueda de confort y de seguridad tanto en el ámbito cotidiano como en el político. Además de contarnos de manera muy fluida la vida de Lombardo, Rosalío nos lo muestra también como un humano. Nuevamente, ni el santón que vendían sus seguidores, ni el colaboracionista compulsivo que veían sus enemigos. Tan solo un ser humano explicable y, por lo tanto, criticable. Y esa es una de las funciones más importantes de la novela histórica: desnudar a los próceres y a los villanos, para verlos como simples mortales; y como complejos seres humanos. Por supuesto que esto reclama investigación, objetividad y hacer a un lado los cómodos prejuicios ideológicos. Rosalío Hernández Beltrán cumple a cabalidad con esta función en el caso de “Lombardo” y, se los adelanto, también en las siguientes novelas de esta trilogía.

lunes, 19 de noviembre de 2007

EL ADEFESIO DE REY

El reciente altercado entre Hugo Chávez, Presidente de Venezuela, y Juan Carlos, Rey de España, nos deja una visión, no por remota menos importante, poco alentadora de cómo es que algunos (espero que muy pocos) peninsulares siguen percibiendo a los habitantes de esto que sus antepasados creyeron Las Indias.

Para el anecdotario quedan algunas faltas al protocolo diplomático ejecutadas por un militar al que conocemos por su rijosidad, el de un político que se dice de izquierda pero defiende a los de derecha, y el de una figura gratuita (que no gratis para el erario español). Bueno, en sentido estricto la de Zapatero no es una falta sino una extrapolación falsa y exagerada: cuando Chávez llamó fascista a Aznar, en español plano y sencillo le estaba diciendo fascista precisamente al expresidente español, y no a todo el pueblo español, que por cierto, en más de un cincuenta por ciento, se manifestó en contra de este tipo durante las pasadas elecciones. En cambio, las increpaciones de Chávez sin esperar a que Zapatero acabara su intervención sí son una falta al protocolo diplomático. Por su parte, la intervención de Juan Carlos no solo es también una violación al protocolo; es también una demostración explicita y clara de que ese señor no se ha dado cuenta de que para él (parafraseando ese tango maravilloso) trescientos años no es nada y de que las guerras de independencia no han tenido efecto alguno.

La expresión fue en tono de orden y quizás no sepa este monarca de adorno que él no tiene autoridad alguna sobre ningún mandatario latinoamericano. No importa que tan mal considere él lo que haga o diga un presidente de este lado, él no es nadie para emitir órdenes.

Si de veras Juan Carlos tiene alguna participación política, que fiscal sabemos que sí por lo que les cuesta a los españoles mantener a la corte, es preocupante que varios hechos de racismo estén ocurriendo en su territorio que solo revelan una peligrosa radicalización; sí, fascista. Contextualicemos para ver las cosas de manera sistémica.

Hace unas semanas un video nos mostró a un tipo golpeando de manera brutal a una joven ecuatoriana. Cuando le preguntaron el por qué, respondió lacónicamente que estaba borracho; es más, le preguntó al reportero si acaso él se acordaba de lo que hacía cuando andaba borracho. Como vomitarse o patear un perro en medio de la embriaguez; no merece mayor atención a los ojos de este imbécil el propinar semejante golpiza a una mujer latinoamericana.

En ese mismo contexto, hará unos días que se dictó sentencia contra la revista Jueves que publicó una caricatura representando al príncipe y a su tapatía esposa teniendo sexo, por haber tocado a esa clase suprahumana, semidivina de la realeza española; clase que por cierto le debe su posición no a sus habilidades políticas o guerreras (como en los cuentos de hadas), sino a la voluntad de un golpista, de un dictador que se apropió de España por cuatro décadas y expulsó de ese país a mucha de su intelectualidad. Lo más ofensivo de la caricatura no era la pareja teniendo sexo (porque la realeza también tiene sexo, ¿verdad?) sino el globo asignado al príncipe no tan valiente: “si llegas a quedar preñada, será lo más parecido a trabajar que he hecho”; porque ciertamente, ¡el príncipe nunca ha trabajado!

Antes me había enterado de que el presidente de Euzkera, el país vasco, será enjuiciado por haber conversado con un grupo político que busca la independencia de ese país. Y para rematar el cuadro, hoy leo que un grupo de jóvenes derechistas mataron a un antirracista. Y este escenario lo “gobiernan” un presidente de izquierda que defiende a los derechistas y un rey que cree que puede callar a un presidente latinoamericano.

Por cierto, tiempo es de explicar el título del blog. ¿Es Juan Carlos es un rey de adefesio? Etimológicamente sí:

Adefesio se dice, y así lo define el DRAE, de alguien o de algo ridículo o extravagante, así como de cualquier disparate, despropósito o extravagancia. Sorprendentemente, su origen debe buscarse en la carta de San Pablo a los efesios (habitantes de Éfeso, en el Asia Menor): Epistola ad Aefesios. No se trata, desde luego, de ningún irrespeto u ofensa a este escrito bíblico. A mediados del siglo XVI nació la locución adverbial ad efesios (el grupo ph original se transformó popularmente en f) con el significado, primero, de en balde, inútilmente, y, después, de disparatadamente. Todavía hoy el DRAE lo registra. ¿Explicación? Según la tradición cristiana, la predicación del Apóstol en Éfeso fue extremadamente difícil e infructuosa. Pablo recibió, incluso, un trato hostil. De ahí la idea de inutilidad (hablar ad efesios: predicar en desierto) y, posteriormente, de disparate y extravagancia. De la locución ad efesios provino, al inicio del siglo XVIII, el sustantivo adefesio[1]

¿Qué puedo decir? Que el rey (con minúsculas pues recibió el título de un dictador) Juan Carlos es un rey de adefesio; no solo es inútil, sino que además rompe con la escasa estética de la política internacional.



[1] Fernando Díez Losada; “Asombrosos cambios semánticos”; La tribuna del idioma