lunes, 20 de febrero de 2017

Trump y la oportunidad para la industria de T.I. en México.



La última noche de ese viaje de 2005 fuimos a cenar a un restaurante de pastas y pizzas. Como era nuestro último día en Chicago, llegamos muy tarde por andar conociendo los sitios más emblemáticos de la ciudad de los vientos. El restaurante estaba casi vacío y terminamos siendo la única mesa ocupada justo antes del cierre. Mi colega, empleado del cliente, era blanco y podía pasar por típico gringo, acaso con un modo de vestir diferente que lo delataba como mexicano. Mi caso era más evidente: moreno, chino y con una estatura por debajo de la media estadounidense. No había lugar para la duda: éramos mexicanos. El dueño del lugar, como la mayor parte de los restaurantes que visitamos, era extranjero; italiano en su caso. Resultaba que en esta ciudad de negocios, casi todos éramos extranjeros en este restaurante; salvo por el mozo que trapeaba el piso: un muchacho blanco, alto y que mostraba haber hecho ejercicio. En pocas palabras, un típico galán de serie de televisión norteamericana que hubiera capturado la atención de varias amigas mexicanas. No hubiera reparado yo tanto en su apariencia, de no ser porque, a mitad de mi segunda Guinness, y mientras recorría los adornos italianos del restaurante, tropecé con una mirada plena de rencor. Como si yo tuviera la culpa de que, en ese lugar, su patrón fuera italiano, y los clientes para quienes debía mantener limpio el restaurante, mexicanos.
Me acordé de este evento durante el vuelo de regreso, pues al ordenar los papeles para elaborar el informe, encontré el directorio de la compañía de software a la que habíamos visitado: el dueño era un doctor en sistemas de treinta y tantos años, indio (de la India, no un indígena americano), y así la mayor parte de su área técnica, con algunas excepciones provenientes de Europa y de Latinoamérica. Pocos ciudadanos estadounidenses: el director de ventas, las secretarias y uno que otro empleado administrativo. El 80% de esa empresa de tecnología de información se componía de inmigrantes.
No era para extrañarse. Desde inicios de los noventa, Edward Yourdon afirmaba que el desarrollo de software se iba a realizar fuera de los Estados Unidos[1].Pero lo más relevante es que, por razones que desconozco, los gringos no estudian más allá del high school; es decir, de la prepa. O quizás no estudian carrera del área científica. Porque hay un déficit de profesionales de estas áreas; particularmente a nivel de posgrado, que son quienes generan las nuevas tecnologías. En consecuencia, las empresas de tecnologías emergentes requieren de contratar talentos de otros países. La reciente orden ejecutiva del nuevo presidente yanqui, conducida y apoyada por el mismo rencor que me prodigó el mozo del restaurante en Chicago en 2005, no afecta solamente a los inmigrantes, sino también a las empresas tecnológicas que, tan pronto pudieron, protestaron contra esta tontería.
El pueblo norteamericano, a través de un bizarro sistema de democracia indirecta, ha elegido a este narcisista[2] como presidente. Esperamos que hagan algo y que no los dañe más. Pero nosotros, los mexicanos ¿qué podemos hacer, además de llevarles mariachis a los deportados? ¿Podremos aprovechar la oportunidad que se nos ofrece? Porque la medida de Trump pone en riesgo las estrategias de las empresas tecnológicas norteamericanas. Son empresas que compiten a una velocidad muy alta. No pueden esperar a que Trump o la clase política de ese país recuperen la cordura.
México puede aprovechar esta oportunidad al brindar un espacio para el desarrollo tecnológico de empresas de tecnologías emergentes: mexicanas, de otros países; incluso, estadounidenses. Implica, por supuesto, una decisión firme y una estrategia integral. Con Salinas de Gortari perdimos la oportunidad que se dio en los noventas, según señalaba el citado (Yourdon, 1992). ¿Vamos a permitir que se desperdicie también ésta? Si Peña Nieto, con su reiterada actitud de sumisión ante Trump, no toma esta decisión, ¿vamos a permitir que tire nuevamente una oportunidad para la industria de TI mexicana? ¿Le daremos el poder nuevamente a su partido en 2018?
La oportunidad toca pocas veces a la puerta. En el caso de la tecnología de información, ya lo ha hecho dos veces: en los noventa y a principios de la década pasada. La primera fue desperdiciada por el PRI y la segunda paso inadvertida para el panista Fox[3]. No quedan muchas.

Referencias

Datz, T. (15 de julio de 2004). Global Guide - Outsourcing World Tour 2004. (I. CXO Media, Ed.) Recuperado el 20 de febrero de 2017, de CIO: http://www.cio.com/article/2442460/outsourcing/global-guide----outsourcing-world-tour-2004.html
Hosie, R. (31 de enero de 2017). 'Malignant narcisissm': Donald Trump displays classic traits of mental illness, claim psychologists. Recuperado el 20 de febrero de 2017, de Independent: http://www.independent.co.uk/life-style/health-and-families/donald-trump-mental-illness-narcisissm-us-president-psychologists-inauguration-crowd-size-paranoia-a7552661.html
Yourdon, E. (1992). Decline and fall of the American Programmer. Yourdon Press.











[1] “According to Edward Yourdon, software development may soon move out of the U.S. into software factories in a dozen countries”, (Yourdon, 1992), contraportada.
[2] (Hosie, 2017)
[3] ” Another trend is U.S. companies balancing their offshore risk by going to neighbors like Canada and Mexico ... Mexico continues to offer an attractive cost structure. Both have geographic proximity going for them in the race for U.S. outsourcing contracts.” (Datz, 2004)

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